Reflexiones

UNA HISTORIA INSPIRADORA

¡Fue una muy buena noticia!, Era un lunes a la noche y terminaba de entrar a casa junto con mi hijo, cuando mi esposa me dice: «hace un rato llamó una persona que no conocemos para compartirnos un testimonio muy interesante. Prometió volver a llamar porque quiere hablar con vos. Tiene una historia que te va a bendecir. Prefiero no contártela así no te robo el impacto».
Efectivamente, a la media hora sonó el teléfono y allí estaba este individuo a quien nunca había escuchado antes. Luego de las presentaciones de rigor, me dice: «Pastor, me gustaría invitarlo a almorzar, ya que si usted es tan amable, me gustaría conocerlo personalmente. Tengo una historia que quisiera compartir con usted, ya que sin saberlo, usted, ha sido de tremenda bendición para mi vida». Es muy difícil rechazar una invitación semejante. Tres días más tarde nos juntamos a almorzar, y esta es la versión, muy abreviada, de la historia que quería compartir conmigo: «Nací en El Salvador, y cuando tenía seis años falleció mi padre. Mi madre debió criarnos a mi y a mis hermanitos. El único trabajo que encontró fue en una cantina. Muchas veces como no tenía con quien dejarme, mi madre me llevaba con ella a la cantina».

«En ese lugar vi morir muchas personas. Duelos a cuchillo, a machetazos. Yo conocí bien desde niño la realidad de la muerte. Un día, cuando tenía apenas seis años de edad, un individuo completamente alcoholizado tomó un machete en una mano, y un vaso de licor en la otra. Y me dijo: «bébete este vaso o te mato». Sabía muy bien que la amenaza era en serio, por lo tanto, tomé aquel licor. Cuando aquel líquido entró en mi organismo, sentí una fuerza impresionante que me daba valor. De ahí en más, comencé a consumirlo por mi propia cuenta. Lógicamente, la consecuencia fue que comencé una carrera a toda velocidad en el alcoholismo. A medida que los años fueron pasando, este vicio se convirtió en una verdadera pesadilla en mi vida».
«Me vine a vivir a Estados Unidos y las cosas en lugar de mejorar, empeoraron; porque ahora al alcohol le agregué la drogadicción. Mi vida llegó a ser un infierno. Al punto tal, que un día decidí acabar con ella. Yo trabajaba haciendo limpieza en un edificio de departamentos de ocho pisos, en New York. Una noche me subí a la azotea, e ingerí una sobredosis lo suficientemente poderosa como para matarme diez veces. La droga comenzó a actuar, y como no me gustaron los efectos que estaba produciendo pensé: para que sufrir. Mejor acelero esto… ¡Y salté al vacío!». «Mire Pastor…» Alberto se levantó la camisa para mostrarme algunas de las cicatrices que le habían quedado. «Me desperté en el hospital, y a pesar de semejante escape, no pude cambiar mi vida por más que quise. Fue entonces que decidí venirme a vivir a Vancouver».

«Aquí me conocí con mi esposa. Ella también era alcohólica, y como podrá imaginar nuestra relación fue el comienzo de un nuevo infierno. Ella tenía un hijo de una relación previa, yo también, y luego tuvimos uno propio. Estábamos mal, pero no sabíamos como salir de nuestro enredo. Yo traté el programa de Alcohólicos Anónimos, pero sin ningún resultado.»
«Entonces, un día decido poner en venta mi automóvil. Comienzo a limpiarlo para poder venderlo, y cuando estoy limpiando el asiento trasero, deslizo mano hacia atrás para saber si algo se había caído, y debajo del asiento, y encuentro un casete. A quien que se le cayó ahí atrás nunca lo sabré. Lo miro: «Como tener una vida feliz y con propósito». Jorge Oscar Sánchez… Creí que era un cantante mexicano….»

«Eso fue un sábado. El próximo lunes cuando regresaba del trabajo puse el casete para escucharlo. Me impactó. Pero, por supuesto, había mucha información nueva para mi, ya que nunca había visitado una iglesia. Pero volví a escucharlo, y luego lo escuché no se cuantas veces más. Lo cierto es que algo se fue encendiendo en mi. Pero todavía no me atrevía a compartirlo con mi esposa. Muchas veces me iba al garage a escucharlo a solas dentro del automóvil. Entre tanto, nuestra relación hogareña seguía empeorándose, al punto tal que ya estábamos hablando de tomar caminos separados.»

«Ante la gravedad de la situación, y la inminencia de la ruptura, un día que mi esposa salió con los niños a hacer las compras, yo me encerré en mi cuarto y comencé a orar. A clamarle a Dios con todas mis fuerzas, a suplicarle que me salvara, que me librara de la maldición que arrastraba por años con lo vicios. A ese Dios del cuál usted compartía en el casete. No se cuanto habré orado, Pastor, pero en un momento sentí como un fuego abrazador que entró dentro mi ser. Cristo nació en mi corazón y en ese mismo instante todas las cadenas que me ataron por décadas fueron cortadas en forma instantánea. Llegue a ser una nueva criatura por el poder de Dios.»

«Luego mi esposa aceptó al Señor. Y más tarde encontramos una iglesia donde congregarnos y crecer espiritualmente. A los que nos conocen de antes, les cuesta creer la diferencia que Jesús ha hecho en nuestras vidas. Desde que comenzaron los cambios siempre tuve en mi corazón encontrar al hombre que había predicado aquel sermón, que fue el comienzo de la esperanza para mi vida. Por esa razón, lo estuve buscando hasta que lo hallé para darle las gracias por haber predicado aquel sermón que me trajo a la salvación y a la vida verdaderamente feliz y con propósito.»

Mientras Alberto compartía su historia por momentos era muy difícil retener las lágrimas. De tristeza mientras me describía los horrores de su niñez y toda su vida pasada. Pero de gozo inefable también, frente a la grandeza de nuestro Dios. Quien ha decidido salvar a sus hijos a pesar de mil obstáculos imposibles desde el punto de vista humano. Que puede devolverle la vida a alguien que intentó quitársela de una forma tan dramática. Y que moverá las circunstancias, hasta el punto que alguien descubra un casete olvidado en el asiento trasero de un automóvil, para desde allí comenzar la marcha ascendente de la condenación y la desesperación mas completa, a la gloria inefable de su bendición eterna.
Cuando leo la vida de Jesucristo, encuentro la siguiente declaración: «El ladrón no viene sino para robar, matar, y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» Al leer esta pagina, usted tal vez sea alguno de aquellos que al igual que Alberto, está atravezando una crisis horrenda. A través de mil estrategias diferentes el enemigo de nuestras vidas le ha robado la felicidad, y hasta aun su propia dignidad. Le ha matado la esperanza. Le ha destruido su hogar. Su existencia es un verdadero infierno. Parece como si la única salida que le queda es acabar con su vida. Tal vez usted se encuentra gimiendo esclavizado por vicios que le roban todos sus esfuerzos, que lo reducen a la impotencia. Ha buscado libertad y solución en mil fórmulas diferentes, y todo sin ningún éxito. Para usted es una realidad bien patente la afirmación de Jesús. Usted conoce bien de cerca lo que significa, que el ladrón no viene sino para robar, matar y destruir.

Y sin embargo, las buenas noticias es que Dios le ama y quiere darle una nueva vida, llena de paz, bendición y propósito. Jesús afirmó que para eso había venido a este mundo, para darnos una nueva vida. Y al igual que lo hizo en la vida de Alberto, de una manera tan dramática y tan poderosa, también quiere hacerlo en la suya.

¿Qué tiene que hacer para recibir la bendición de Jesús? Primero, debe reconocer su propia necesidad. Dios no puede ayudar al que no le pide su ayuda. Segundo, no debe engañarse a usted mismo, pensando que tal vez todavía puede haber otra salida de emergencia. No existe tal puerta de escape. Acepte su condición. Tercero, confiese su pecado a Dios y pídale con todas las fuerzas de su ser que tenga de usted misericordia. Cuarto, haga una plegaria con su propias palabras, y elevela a Dios. El siempre le escucha. Quinto, crea que Dios desea bendecirle más de lo que usted piensa.

¿Que sucederá si usted clama a Jesús? Dios le escuchará. Intervendrá en su propia vida. Puede ser de una manera dramática y poderosa; o puede ser de un modo suave, enviándote ayuda a través de un amigo. Pero sea como sea, Jesucristo salvará tu vida, le dará nueva vida a tu alma, pondrá una nueva sed en tu corazón. Comenzará a bendecirte. Y muy pronto todos comenzarán a preguntarse, como es posible que hayas cambiado tanto. Si, Jesucristo vino a darnos vida en abundancia. Me la ha dado a mi, se la dio a Alberto, y a millones de otros individuos que le claman por su bendición. También quiere dársela a usted en este mismo momento. ¿Que hará? Ahora mismo le ruego, invite a Jesús a entrar en su vida, y será una realidad bendita en su experiencia, la nueva vida feliz y con propósito que Jesucristo ofrece a todos los que creen en él.

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