Reflexiones

CUANDO LA CONCIENCIA ACUSA

Cierto ciudadano completó su declaración de impuestos anual y la envió al IRS. En ella no había declarado la verdad completa. Más bien, modificando los datos para su propia  conveniencia, se guardó $10,000 dólares. La cosa, sin embargo, lo dejó intranquilo. Algunas noches no podía dormir al pensar que podría ser investigado y terminaría en serios problemas con la ley. Entonces, finalmente decidió hacer las cosas bien. Escribió un cheque por $ 5,000 y envió la siguiente carta: “Este año no fui veraz en mi declaración de impuestos, por esa razón les incluyo un cheque por $5,000. Y si dentro de un mes la conciencia me sigue molestando, les mando el resto…”

Todos sabemos por propia experiencia, cuan dolorosas son las acusaciones de la conciencia. A lo largo de toda nuestra vida, desde la niñez hasta la vejez, sus dardos encendidos nos acicatean y nos roban la paz cuando hacemos algo incorrecto. Tantas veces, como un gigante se levanta para cortarnos el paso cuando estamos por hacer una decisión errónea. Otras veces nos aprueba cuando buscamos hacer algo correcto y de valor eterno. Obedecer sus dictados es vida y paz. Y sin embargo, en el día de hoy hay millones que viven aprisionados y atormentados por las acusaciones de la conciencia, simplemente por haber hecho oídos sordos a su voz. ¿Hay salida para ellos? ¿Cómo podemos llegar a tener una conciencia en paz? 

En este escrito quisiera ayudarle a lograr una conciencia transparente y en paz. Por esta razón vamos contestar algunas preguntas vitales. Primero, ¿qué es la conciencia? A una niña, le hicieron esa pregunta y contestó muy rápidamente: “Es lo que me informa cada vez que mi hermanito comete un error.” Muy fácil, ¿correcto? Nos muestra los defectos ajenos, pero no los nuestros. La conciencia es el testimonio que el Creador del mundo y el Dador de la Vida, ha implantado en nuestra alma con el propósito de recordarnos su existencia y que vivimos en un universo que se rige por sus leyes. Y en la medida, que nosotros obedecemos sus mandamientos y obedecemos sus leyes, como consecuencia a nuestra vida llegan la paz espiritual, el gozo perdurable y la tranquilidad. Por el contrario, cuando ignoramos sus advertencia sabias y procedemos mal, no importa cuantos razonamientos y mentiras podamos esgrimir para defender nuestros actos, la culpa nos pondrá en una cárcel de gruesas paredes. La conciencia es un espejo que nos muestra nuestra condición, tal cual somos.  

Uno de los peligros más grandes que tenemos en la vida, es ignorar la voz de la conciencia, hasta el punto que ya no oímos más sus advertencias. Esto se llama “cauterizar  la conciencia”. Uno de los peores genocidas de la Segunda Guerra Mundial fue Adolf Eichmann. Sirviendo como teniente coronel del ejército alemán, mandó a los campos de exterminio a más de un millón de judíos. Cuando la guerra terminó se escondió en Argentina. Hasta allá lo rastrearon los agentes secretos de Israel. Un buen día lo atraparon, lo cargaron en un avión y se lo llevaron a Jerusalén. Allí fue juzgado por todas sus atrocidades y condenado a morir en la horca. La noche antes de ser ejecutado, le preguntaron: “¿Cómo se siente?”. Para sorpresa del mundo entero, Eichmann contestó: “Tengo mi conciencia en paz…!!!”. Ese es el peligro al que todos estamos expuestos, cuando ignoramos en forma reiterada y persistente las advertencias de la conciencia. Llega un momento que ya no nos molesta más.  

Otro grave peligro, es el de “corromper la conciencia”. La Biblia afirma: “Todas las cosas son puras para los puros, pero para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas.”(Tito 1:15). Esto es mucho peor que lo anterior. De tanto pensar el mal y hacer cosas destructivas, llega un momento que la conciencia, comienza a enviar mensaje opuestos a la verdad.  Y se  llega a un estado cuando, a lo malo se lo llama bueno, y a lo bueno, malo. Al igual que un instrumental fallado, le dirá al conductor que acelere, cuando tiene que detenerse. En el presente, nuestras prisiones están llenas de hombres y mujeres que han cometido crímenes horrorosos y con todo, consideran que hicieron algo bueno. Si queremos evitar llegar a semejante nivel degradación, donde ya no reconocemos la diferencia entre el bien y el mal, es críticamente decisivo ser muy cuidadosos con la información que vemos, leemos, y estudiamos y con que personas nos juntamos, porque una vez que el error es absorbido por la mente, destruirá su poder de decisión, y el próximo paso será distorsionar la conciencia, llevándola a un punto que ya no sirve absolutamente de nada. Cuando un individuo llega a ese punto, es casi imposible cualquier posibilidad de enderezar sus pasos y recuperar su vida.

¿Qué debo hacer, entonces para vivir con una conciencia en paz? He aquí algunos pasos a seguir: 1. Comience respetando sus mandamientos. Dios le ha dado la conciencia para que viva una vida feliz, evitando el engaño del pecado. En el presente, mucho se nos habla sobre la necesidad de tener una buena imagen de nosotros mismos. Esto es ciertamente útil, pero debemos recordar que una buena imagen de nosotros mismos será en la exacta proporción en que hemos obedecido a nuestra conciencia. De nada sirve ponerle cosméticos a un cadáver. Y de la misma manera, usted nunca podrá compensar sus errores buscando darles una explicación racional a sus errores. Si quiere vivir con paz de conciencia, aprenda a obedecer la voz de Dios que le guía por medio de la conciencia. 2. Enfrente la verdad cuando ha pecado. Siempre recuerde, que la conciencia humana comenzó a funcionar en Adán y Eva, tan pronto pecaron. En ese instante, se dieron cuenta que estaban metidos en un problema inmenso y buscaron esconderse de Dios. Algo tonto y estéril, ya que Dios todo lo sabe. Huyendo de Dios es buscar agravar el problema y retardar la cura. Esa es una ruta sin salida.  3. Arrepiéntase de su maldad y pida perdón a Dios. Dios sabe cuanto hemos pecado y desobedecido sus preceptos. Y si usted se siente culpable, es con justicia. No en vano, la Biblia nos recuerda: “por cuanto todos sin excepción han pecado y no alcanzan la perfección que Dios demanda.”(Romanos 3:23). Allí comienza la falta de paz de conciencia. Con todo, el gran mensaje que Jesús nos mandó a predicar a todas las naciones es que mediante el arrepentimiento, todos podemos recibir el perdón completo de nuestros pecados y la limpieza de nuestra conciencia.

¿Se siente atribulado, acusado, culpable ante los dardos de la conciencia? ¿Sus pecados pasados han llegado a ser una carga intolerable, que le han robado la paz? Entonces, permítame presentarle a Jesús, el bendito Hijo de Dios que le extiende la siguiente invitación: “Vengan a mí, todos quienes estén atribulados y aplastados, y yo les haré descansar”. Si su conciencia le acusa por todas sus abominaciones, entonces regrese a Dios, a Jesús su Hijo, y reciba de sus labios el perdón completo, y muy pronto su conciencia estará también en perfecta paz. No importa cuan grande pueda ser su culpa, el amor de Dios es infinitamente más grande que todas las acusaciones de su conciencia. Crea hoy mismo en Jesús, pídale su ayuda y su descanso completo, será su porción diaria y eterna. Dios le bendiga al hacer su decisión.

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